Últimamente veo a bastantes mujeres mayores con chicos jóvenes, “yogurines” como lo llaman ellas. La tendencia está cambiando, y ya no solo son los hombres mayorcitos los que buscan jovencitas, no, ahora las cuarentonas y cincuentonas se buscan a chicos más pequeños, tiernos, inocentes, y sobre todo, muy jóvenes.

Un jovencito apetecible...

Un jovencito apetecible…

La otra noche me bajé a un bar, y entre copas y copas por fin pude ver a mi príncipe azul en la barra. Yo me dirigí al otro extremo de la barra para pedir mi segunda copa, esperando a que se diera a conocer mi existencia, y así fue. Bueno, empezamos con lo típico, juego de miradas, sonrisitas… y por fin se me acercó, nos presentamos y continuamos con la conversación.

Hasta aquí todo bien, pero de repente una señora hecha y derecha que podría ser su madre nos interrumpió preguntando por no sé qué bebida. Pues bien, la mujer consiguió formar parte de la conversación y a los quince minutos yo fui expulsada espiritualmente de la conversación. Ya no tenía nada que decir, así que perdí la batalla. Mi príncipe azul se fue con la madrastra mala y tenía que aceptar la derrota sin premio de consolación, es decir una noche solitaria.

Regresé a casa como llegué al bar, sin nada. Malditas señoras, se llevan a los de su edad y a los jóvenes. ¿Y qué pasa entonces con las chicas jóvenes? No, no y no, no puedo aceptarlo. Ya arropada en la cama me puse a pensar en esta situación de señoras que les gusta salir con jovencitos, y es que en realidad no es tan extraño. Famosas como Madonna y Kylie Minogue son un ejemplo de ello. Sin embargo, en una de esas relaciones, recuerdo que uno de esos ex jovencitos de la reina del pop comentó en los medios que le gustaban las maduritas porque le recordaban a su madre. Y de nuevo volvemos a un post que ya publiqué sobre no convertirnos en la madre de ellos. En fin, he llegado a la conclusión de que el sexo opuesto no cambia, los hombres mayores buscan atractivas jovencitas y los hombres jóvenes una madre después de separarse de la suya, y al revés también claro. En el caso de las mujeres y desde mi experiencia, yo como mujer quizá tenga que esperar a que nazca mi príncipe azul, o en todo caso, mi infante azul.

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