el verano sube la temperatura...

el verano sube la temperatura...

Es la brisa y el sol

O simplemente los tórridos bustos bronceados que suben la temperatura de las playas y nos hacen perder la cabeza. Monumentos de los que tienen movimiento propio que ponen la sangre a punto de ebullición y al corazón al borde del infarto. La pasión nos embebe el alma y la sexualidad emana por nuestros poros.

El invierno es largo y gélido pero la playa se presenta como el escenario idóneo para encontrar ese calorcito que nos aporte momentos ardientes e inolvidables, que recordaremos el resto del año. Muchos lo estabais esperando, tengo un amigo que siempre lo comenta ¡con lo difícil que resulta vislumbrar un escote en el frío invernal, el verano debería ser eterno! Eternas y penetrantes son las curvas que tímidas se asoman en inocentes y sutiles descuidos entre diminutos y translúcidos bikinis que insinúan bellezas celosamente escondidas durante todo el año.

Y de repente…

Cuando menos lo esperas mientras mirabas al horizonte, mientras tu melena revuelta por el día de playa te viene a la cara, mientras masajeas tus piernas con un poco de aceite y el sol luce más dorado que nunca en el reflejo de tu piel lustrosa…. Entonces, solo entonces, tus ojos van a parar a un puerto, hasta ahora, desconocido, un misterioso e intrigante desconocido, que sin embargo, no lo parece. Te parece que le conoces más que a ti misma, que lees en sus entrañas y te seduce con solo una mirada.

El paisaje invita a ello, cálidos atardeceres, el roce de la arena entre los cuerpos, hasta que finalmente nos entregamos al arrullo de las olas para fundirnos en un beso. Esa clase de besos que remueven algo en tu interior, que deseas que nunca acaben y que te invaden imparables apoderándose del resto de tu cuerpo. Será la sal del agua o el azúcar de los labios veraniegos, pero la atracción es tal que se produce una explosión de caricias y desenfreno a la que apenas somos capaces de poner nombre, pues quizá no recordemos su nombre, pero no importa, pues lo deseas… ¡Ardes de deseo! Sólo porque recorra cada centímetro de tu anatomía, porque su boca se deslice entre tus piernas y porque sus jadeos se agoten en tu nuca. Todo un ritual de lujuria, demencia y exceso. Sexo en estado puro, locura irracional, capricho incontrolable que roza el delirio y supera al sueño.

Espero haber refrescado vuestras mentes de cara al sabroso fin de semana que nos espera o quizá he subido un poquito más el termostato, pero quería poner un punto final de lo más calentito a esta semana. En todo caso, ¡no os derritáis! ¡Disfrutad del veranito!