Es una verdad universal que cuando nos sentimos deprimidos, ansiosos, aburridos o acorralados el principal impulso que experimentamos es el de dejarlo todo, coger una maleta y subirse en el primer medio de transporte que podamos sin preocuparnos por el destino, aunque la preferencia imperante sea ir lejos lejos, donde nadie pueda encontrarnos.

Screenshot de la web travel.nationalgeographic.com

Hoy, no me basta con el viaje a Sevilla programado para dentro de unos días. Necesito volar lejos, tener la sensación de estar en otro mundo entre nubes de algodón y aterrizar en una ciudad única, es un país distinto, en una tierra muy muy lejana. Así que me he decidido por… ¡Sydney!

Descubre el mundo al otro lado del planeta

Sí, puede que este capricho mío no llegue a materializarse, pero el hecho de informarme y buscar ofertas de viajes a Australia, me hace sentirme activa y pseudo-feliz. Es la misma sensación que ojear catálogos de moda o pasear por la Calle Preciados mirando escaparates. Pero cuando no se puede salir, no hay nada mejor que mirar viajes con la compañía de una gigantesca tarrina de helado de stracciatella… ¡uhmm!

Lo curioso es que el poder de mi imaginación me hace verme ya allí comiéndome un helado igual. A ser posible, tomando el sol en Bondi beach, la playa más famosa de Sydney, mientras observo detenidamente a los surfistas australianos, amparada por los cristales opacos de mis gafas de sol. Y es que Sydney es el mejor sitio para ir en busca de la mejor ola.

El mejor turismo cosmopolita en Sydney

Como en todas las ciudades, Sydney posee los típicos rincones que los turistas se llevan de souvenir en forma de postal. Por supuesto, no puede faltar una visita a la Sydney Opera House, construida en 1973 y que ya se ha convertido en el emblema de la ciudad y en su lugar más fotografiado. En su interior cuenta con cinco teatros, cinco estudios de ensayo y centros de ocio. Todos ellos revestidos por ese diseño tan original, que convierte a la Opera House en una de las obras arquitectónicas más representativas del siglo pasado.

Sin tener que desplazarse, se puede fotografiar el Sydney Harbour Bridge, el puente del puerto. Su diseño singular hizo que en el pasado fuera considerado el puente de un solo arco más largo del mundo.

Después de ver los dos símbolos más conocidos de la ciudad, lo recomendable es callejear por sus diferentes barrios, cada uno con un estilo personal propio. Por ejemplo, se puede empezar por The Rocks, el barrio más antiguo de Sydney, que se caracteriza por tener muy buen ambiente y un encanto peculiar. Por sus calles se pueden encontrar galerías de arte, restaurantes, pubs y ¡tiendas!.

Otros varios interesantes son Chinatown- efectivamente, aquí también hay Barrio Chino- y Paddington. Éste último merece una visita por sus casas victorianas y porque los sábados se celebra un mercado. Además, me han dicho que por Oxford Street se pueden realizar las mejores compras, además de visitar sus galerías de arte.

Y si el turismo urbano no nos sacia del todo, siempre podemos visitar Taronga Zoo, el zoo principal de la ciudad; el Hyde y el Centennial Park; los Royal Botanic Gardens; o Las Blue Mountains, que, aunque estén a 80 kilómetros de Sydney, merecen la pena.

Después de todo esto estoy convencidísima de que uno de mis próximos destinos internacionales será Sydney. ¿Lo conseguiré?