Captura marieclaire.es

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A un mes y medio escaso para destapar nuestros encantos, la operación bikini se muestra omnipresente en revistas, televisión, spam y lo más grave es que ¡se ha apoderado de nuestras mentes! El otro día mientras me tomaba un cocktail con mis amigas me dí cuenta de cómo, de la manera más sutil, la preocupación por nuestros muslos había tomado las riendas de la conversación.

Así que, como se suele decir, si no puedes con tu enemigo, ¡únete a él! Pero lejos de palabrería de teletienda, esta vez recurriré al testimonio fidedigno de una de mis amigas, sufridora “en silencio” de la odiada piel de naranja, y es que con tantas horas de oficina ¿quién no ha visto algún que otro hoyito indeseado decorando sus glúteos? Si vosotras compartís el mismo problema ¡no os preocupéis! Tenemos la solución, al parecer indolora y muy efectiva.

¿Cavitación?

Parece una palabra sacada de Star wars, propia del mismísimo Yoda, y en efecto su eficacia tiene algo de futurista que puede hacernos levitar de alegría. Pero ¿en qué consiste esta innovadora técnica? Al parecer mientras nosotras nos tumbamos apaciblemente y nos dejamos mimar, mientras unos rodillos masajean aquellas zonas de las que nos sentimos menos orgullosas debido a la acumulación de grasa. De manera que producen unas ondas ultrasónicas a modo de microburbujas que succionan el tejido, destruyendo la membrana de las células adiposas y liberando la grasa desde el interior. Suena bien ¿verdad? Me diréis que mientras os lo describía no habéis visualizado los dibujos de “Érase una vez el cuerpo humano” acabando con vuestras imperfecciones.

Cada sesión dura unos 40 minutos dependiendo de la zona a tratar: vientre, piernas o culete, no requiere anestesia ya que no resulta tan invasiva como la cirugía. Un consejillo: bebed mucha agua al menos durante los dos días previos al tratamiento os ayudará a purificar y eliminar toxinas a través del sistema linfático y la orina. Para mí, la ventaja, sin duda, de este método es que actúa justo donde nosotras necesitamos, esos puntos débiles que nos acomplejan ¡tienen los días contados!

Y para finalizar… Presoterapia

Para que la cura sea completa y la tonicidad de nuestra piel mejore significativamente, podemos culminar con otras técnicas de drenaje y masaje como la presoterapia. Para que os hagáis una idea, una vez hemos roto los cúmulos de grasa localizada, hemos de guiarla hacia la puerta de salida y así abandone de una vez por todas nuestros cuerpos.

Para ello, nos hemos de enfundar en una especie de manguitos y botas forradas por una doble cámara hinchable, a modo de traje de “Michelín”. De este modo, nos van insuflando aire a presión que comprime milímetro a milímetro nuestros canales linfáticos, que funcionan como autopistas directas a las depuradoras de nuestro organismo.

Normalmente te recomiendan que realices al menos unas 10 sesiones. El precio de cada sesión ronda los 110 euros pero la mayoría de los centros suelen hacer bonos. También puedes encontrar sabrosos descuentos en páginas como Groupon, Letsbonus y Groupalia. Así que ya sabes, si quieres acabar con la celulitis sin tener que “mondar” literalmente tu piel de naranja, acude a un centro de belleza y ¡cavita!