¡Hola amigas! ¿Qué tal estáis? Quedan unas pocas horas para el fin de semana y quiero proponeros algo que llevo haciendo desde hace un par de años y que cambió mi vida. Era Semana Santa de 2014. Tenía todo preparado para pasar unos días maravillosos entre los Picos de Europa leoneses y la zona de Las Médulas. Prácticamente, todos los veranos y Navidades de los últimos años, esta escapada había sido casi una obsesión para mi amiga Patri y para mí. ¿Qué ocurrió? Dos días antes, ella se rompió el ligamento cruzado de la rodilla en el gimnasio.

Ante esta situación, lo primero que se me pasó por la cabeza fue cancelar el viaje, pero las palabras de mi amiga me sorprendieron: “Ni se te ocurra, has puesto mucho empeño. Ve y después me cuentas, que esto (su lesión) va para largo”. A pesar de mi negativa inicial, le hice caso. La experiencia de viajar sola fue tan maravillosa y liberadora que la he repetido varias veces desde entonces. Por eso hoy, voy a hablaros de las virtudes de realizar escapadas en solitario.

LA EDUCACIÓN NOS FRENA

A Las Médulas y mi amiga Patri les debo la gratificante experiencia de viajar sola

Desde que llegamos al mundo, el cóctel formado por la familia, la tradición y las convenciones sociales nos bombardea con diferentes ideas sobre qué es lo correcto/natural y qué no o qué se supone que es un éxito y qué es un fracaso o una situación patética.

Uno de los conceptos estrella que, además está plagado de contradicciones, es el relativo a la soledad. Por un lado, todas tenemos que ser capaces de hacer las cosas por nosotras mismas, pero, al mismo tiempo, serán dignas de lástima aquellas personas que estén solas. De hecho, la simple mención de palabras como “soledad” o “estar sola” forman automáticamente en nuestras mentes imágenes de desolación y pesimismo.

Y yo me pregunto ¿por qué, como sociedad, nos hacemos esto? Quiero decir ¿por qué tiene que existir una única posibilidad de felicidad? Tal vez estar siempre acompañada lo sea para algunas personas, pero para otras no tiene por qué. Creo firmemente que deberíamos cambiar la forma de educar y pasar del encorsetamiento al “haz lo que te dé la gana (dentro de los límites de no hacer daño y esas cosas, claro)”.

Conforme crecemos, comenzamos a generar nuestras propias opiniones, conocemos personas de fuera de nuestro ámbito familiar y así, cambia nuestra forma de pensar y entender la vida. Además, si te interesas por el feminismo, desmitificas el amor romántico e interiorizas que se puede ser feliz estando sola.

Sin embargo, al menos en mi caso, tengo ciertos momentos en los que, aún quedan posos de “sí, maravilloso estar sola, pero me encantaría tener a alguien”. Por eso, para que las próximas generaciones no padezcan este lastre o frenen su felicidad por agradar al ojo que todo lo ve (en realidad, nosotras mismas y nuestras inseparables amigas las pajas mentales), tendríamos que transmitir que la soledad no se sufre, sino que se disfruta.

VENTAJAS E INCONVENIENTES DE VIAJAR SOLA

Después de ese momento manifiesto que ha sido el apartado anterior, llega la parte más divertida del post, la de los pros y los contras de viajar en solitario. Para dejaros buen sabor de boca, comenzaré por lo menos agradable para terminar con lo positivo.

-Inconvenientes:

  • No se tiene con quién compartir impresiones.
  • Hay que medir los recuerdos que se compran porque nadie puede ayudarnos a cargarlos.
  • Si se acaba la batería del móvil o la cámara, las fotografías se habrán terminado por ese día.
  • Sobre todo si son planes o viajes a lugares poco transitados, no habrá nadie para hacernos una foto. Desde luego, existen los selfies y los palos selfies, pero requieren de una técnica especial para conseguir salir bien o esquivar al sol. ¡Es más difícil de lo que parece!
  • Nadie nos lleva el palo selfie.

-Ventajas:

  • Vosotras marcáis el ritmo. Si se tiene el día animado, no hay que esperar a nadie. Y si, por el contrario, estáis muertas de cansancio, no tendréis que soportar los típicos “venga, que hemos pagado para algo” o “qué pesada ¿descanso otra vez?”.
  • Tiempo para reflexionar y disfrutar de la compañía de una misma.
  • Apreciar muchos más detalles que cuando no paramos de hablar con la compañera o amiga de turno.
  • Hacer todas las fotos que se nos antojen.
  • Escoger el restaurante que más nos apetezca.
  • Conocer a personas con las que nunca hablaríamos si estuviésemos acompañadas.
  • Aprender a gestionar nuestros propios sentimientos de frustración, rabia o tristeza.

Una de las canciones que más me gusta escuchar cuando viajo sola es I Walk Alone de Cher. En ella, la cantante nos da toda una lección sobre lo que es la vida y que va que ni pintada para este post:


Y a vosotras, ¿qué os parece viajar solas? ¿lo habéis probado ya?

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