Un posible heartbreaker

De estar con un heartbreaker a ser una heartbreaker

Muchas de vosotras lo habréis sufrido como yo y es que el mundo está lleno de capullos, aquellos chicos que te prometen el cielo y te regalan flores que luego dejan marchitar. Hombres que prometen cuidarte eternamente y a la semana siguiente desaparecen ¿te suena?

Un posible heartbreaker

Un posible heartbreaker

Estoy segura de que todas hemos pasado por esto y lo cierto es que estar conociendo a un chico, de esos que llamamos “especiales”, y que de la noche a la mañana desaparezca siempre nos deja una sensación agridulce.

¿Cómo superar a los rompe corazones?

Te abandonan pero la vida continúa aunque nunca sepas el por qué de esa huida ¿Cómo superarlo? Muchas me decís eso de que un clavo saca otro clavo y seguramente sea verdad, pero no siempre es así de fácil y es que muchas veces el clavo de reparación se clava con un martillazo en el dedo.

A veces me pregunto ¿cuándo debo fiarme de un tío? ¿Estará hablando con mil tías por el WhastApp? Lo cierto es que detectar a estos heartbreakers es complicado. Solo la experiencia te podrá ayudar a detectarlos. El problema es cuando los astros se alinean y acabas desconfiando de un tío que de verdad merece la pena (aparentemente), esto da rabia pero a veces es mejor cortar por lo sano antes de que nos vuelvan a romper el corazón.

De estos son precisamente de los que quiero hablar y es que hace unas semanas conocí al chico perfecto, al chico que toda chica busca para una relación duradera. No era el hombre más guapo del mundo pero me aportaba todo lo que necesitaba e incluso me robo una buena parte de mi corazón (que luego rápidamente destrozó). Estos son los peores, te prometen muchas cosas y rápidamente se quitan la máscara demostrando que todo era una gran mentira del fin de semana.

De ex va la cosa

Evidentemente un rompecorazones de fin de semana es más bien un capullo, pero ¿cómo clasificar a ese hombre que lleva meses a tu lado e incluso años y que de repente te abandona? Eso debe tener un nivel superior.

Los planes que te había prometido, lugares que visitar, objetivos de futuro, en fin, todas las conversaciones y promesas de meses pueden verse destruidas y muchas veces sin tener una razón concreta.

¿Habrá otra persona? ¿Habré hecho algo mal? ¿He descuidado la relación? Miles de preguntas te pasaran por la cabeza cuando este tipo de rompecorazones desaparecen de tu vida.

Quizás, a veces, las cosas ocurren porque sí, pero el tiempo te hará ver que es un heartbreaker aunque no lo quieras ver. A mí me paso con un chico que me dijo que no me dejaba por otra y un mes después tuve la suerte de comprobar que estaba con ella.

En fin amigas, los hombres son expertos en rompernos el corazón ¿nos tenemos que conformar con comprar tiritas constantemente? Pues no. Ahora somos nosotras las que decidimos qué hacer con nuestros cuerpos y decidimos quien sí y quién no. Así que no seamos tontas y seamos nosotras las que elijamos y frenemos lo que nos hace daño. Lo importante es tener claro lo que queremos y no queremos en nuestra vida. Pero eso sí, tampoco seamos malas… solo romperemos el corazón (única y exclusivamente) cuando se lo merezcan.

Y recuerda… ¡La vida está llena de cisnes para conformarnos con un pato!.

¡Buen fin de semana chicas!

 

Foto | Fotolia.com

Mi cama, mi filtro

Mi cama, mi filtro

Seguro que más de una se siente como yo en este momento… decepcionada. El amor es así, por un lado dulce y anecdótico pero por otro amargo y espantoso. El amor nos destroza.

Mi cama, mi filtro

Mi cama, mi filtro

Si os soy sincera, durante unos meses he sentido que perdía el tiempo con un chico, era una sensación espeluznante ya que por un lado sentía que no podía vivir sin él, pero por otro no soportaba estar a su lado.

Al final lo acabamos dejando. Ante una ruptura tan dolorosa solo nos queda un camino: mirar hacia el frente y seguir para adelante como buena mujer de armas tomar.  Lo malo es que en el camino hacia la superación, te tropiezas con personas que desearías perder de vista al minuto uno.

Pero un día, vuelve a llegar un hombre, un conquistador nato, que solo necesita una leve sonrisa para conquistarte. Parece el hombre perfecto por dentro y por fuera, un caballero con el que reírse y pasar el tiempo pero ¿cuándo durará esta idealista mentira? ¿Cuándo empezará el sufrimiento?

El filtro a la decepción

Tras varias semanas hablando con él y conociéndonos en profundidad, decidí quedar con este nuevo hombre que vendría a mi vida a ponerla de patas arriba (en todos sus sentidos). Si os soy sincera, en la primera cita me conquistó, me hizo sentirme única y especial y olvidarme de ese hombre que tanto daño me hacía. Aquella noche perdí la noción del tiempo.

Tras varias noches locas, ese príncipe azul, que me había prometido el oro y el moro, se iba quitando su mascará y sacando su auténtica cara: un hombre egocéntrico que solo se preocupa por sí mismo.

“Caballero, usted no busca una relación, ni siquiera un buen polvo”, le dije la última vez que quedamos. Así acabó todo y rápidamente me di cuenta de que la Rebecca de hace unos años (y que todos conocéis en profundidad) se había perdido ¿cómo recupero mi autentico yo?

En aquel momento, decidí volver a ser yo misma, aquella chica sin compromiso que se dedicaba a vivir su vida sin importarle lo que pensaran o dijeran de ella. Pero eso sí, algo en mi había cambiado, ya no me vale cualquier hombre ni si quiera para una noche de desenfreno y lujuria.

Un hombre para mi cama

Rápidamente me surgen algunas preguntas… ¿Qué hombres deberían de pasar ahora por mi cama y cuáles no? Todos no son válidos y por eso he decidido compartir con vosotras algunas cosas que yo me niego a volver a soportar.

Nunca más volveré a meterme en la cama con un hombre que no valore mi forma de ser y mucho menos con un hombre que intente cambiar mis gustos y mis sentimientos.

Los hombres sin conversación ya no son lo mío. Sigo siendo joven pero me gustan los hombres con los que hablar de todo y, por supuesto, si no me hace reír, no podrá sentir mi cuerpo cada amanecer.

Chicas, nosotras tenemos que poner las reglas y tener claro lo que queremos y lo que no queremos en nuestras vidas y (por supuesto) entre nuestras sábanas.

Me despido, sed malas (o muy buenas) este fin de semana.

Foto | Fotolia.com

99 cosas que tengo que hacer antes de morir

99 cosas que tengo que hacer antes de morir

No sé si será por la alarma social del ébola, pero la verdad es que siento que me faltan muchas cosas por hacer y para remediarlo he decidido hacer una lista de 99 cosas que tengo que hacer antes de morir.

99 cosas que tengo que hacer antes de morir

99 cosas que tengo que hacer antes de morir

¿Y por qué pongo 99 en vez de 100? Pues porque no hay que ser avariciosa, que las ansias nunca te llevan por buen camino. Así que, ahí van mis 99 cosas que tengo que hacer antes de morir.

1. Echarme la siesta en una playa paradisíaca, en una hamaca que esté atada de palmera a palmera.
2. Ponerme un triquini (y que me siente bien)
3. Hacer parapente.
4. Ir a un hotel todo incluido y volver a casa con gastroenteritis para que me den una baja laboral.
5. Vivir una temporada aislada en un pueblo. No móvil. No internet. Como se hacía antes.
6. Ir de voluntaria a un país en vías de desarrollo y ayudar a toda persona con la que me cruce.
7. Hacer un guiso como los de mi madre.
8. Hacer una tortilla de patatas como la de mi padre.
9. Que me venga a buscar un chico al trabajo y me saque por la puerta en brazos, como en Oficial y caballero.
10. Hacer un programa de radio y que mi abuela llame por teléfono.
11. Escribir en un periódico de tirada nacional.
12. Intentar ligarme a Quim Gutiérrez.
13. Montarme en un taxi y gritar: “¡siga a ese coche!”
14. Ir a ver la aurora boreal.
15. Bañarme con mi perra en el mar.
16. Irme de vacaciones 15 días sola con mi perra.
17. Mantener una conversación súper profunda con un mendigo.
18. Disfrazarme del rey Baltasar para mi sobrina.
19. Ver un convierto privado de Ivan Ferreiro.
20. Conocer a Vicenç Navarro y presentárselo a Eduardo Inda.
21. Ser capaz de correr una maratón.
22. Hacerme la permanente para tener el pelo como Azahara de Gran Hermano 15.
23. Bañarme en la Cibeles. En triquini.
24. Pedirme una copa en un bar y decir: “¡Jefe! Esta ronda es mía”, e invitar a todos los que estén en el bar en ese momento.
25. Besar a un tiarrón bajo la lluvia.
26. Llevarme al mendigo con el que he tenido una conversación súper profunda a cenar a un sitio caro.
27. Ir al FIB para poder decir que me siento como Paco Martínez Soria.
28. Ser patrocinador de carnecruda.es
29. Convertirme en una blogger molona.
30. Presentarme a un chico guapo que me cruce por la calle.
31. Hacer submarinismo.
32. Vestirme de largo e ir a la ópera.
33. Vestirme de corto e ir al casino.
34. Tener la suerte del principiante y desplumar a toda la mesa de jugadores de póker.
35. Ligar con un hombre que sea un chulo y decirle: “Lo siento cariño, a mí me gustan los hombres”.
36. Hacer el interrail
37. Vivir en Turquía.
38. Hacer submarinismo.
39. Bañarme en una piscina que esté en un ático en el centro de Madrid.
40. Encontrar al amor de mi vida.
41. Tener hijos.
42. Prejubilarme.
43. Hacer esquí acuático.
44. Escribir un libro.
45. Que me paguen por dar mi opinión.
46. Ir a Egipto.
47. Hacer la ruta 66.
48. Drogarme y escribir un poema.
49. Ir a una guerra de corresponsal de un medio de comunicación importante.
50. Estar en el momento oportuno, en el sitio adecuado y hacer la foto del año.
51. Subir a la barra de un bar y cantar Sobreviviré de Mónica Naranjo.
52. Conseguir que no se me cale el coche al pararme en una cuesta arriba.
53. Plantar un árbol.
54. Saltar en paracaídas.
55. Aprender a hablar chino.
56. Tomarme un año sabático. O dos…O tres.
57. Irme de compras sin mirar precios.
58. Viajar en un jet privado.
59. Conducir un fórmula uno.
60. Hacerme un tatuaje en el muslo.
61. Ampliar mi vocabulario en castellano.
62. Estar un día entero hablando a la gente con refranes.
63. Ir a una Iglesia, meterme en el confesionario y nominar con tres, dos y un punto.
64. Aprender a tocar la guitarra y el piano.
65. Raparme el pelo.
66. Pasar una noche entera de sexo con más de cinco orgasmos incluidos en el lote.
67. Tener un amante.
68. Ser la amante.
69. Levantarme y que mi amante me tenga el desayuno preparado.
70. Tirarme un pedo en un ascensor y echarle la culpa a otro.
71. Vivir un romance prohibido.
72. Enseñar un pecho para intentar que un policía no te multe.
73. Enseñar el culo en público.
74. Dar la vuelta al mundo.
75. Subirme al escenario de un concierto y quitarle micrófono al cantante.
76. Subir al escenario y lanzarme al público en plancha.
77. Hacer surf.
78. Hacer el descenso del sella.
79. Correr los San Fermines
80. Irme de fiesta con un equipo de futbol.
81. Ver las siete maravillas del mundo.
82. Asistir a los Goya.
83. Salir en Juego de Tronos.
84. Diseñar mi propia ropa.
85. Llevar un trineo de perros.
86. Hacer un viaje por toda Europa en auto caravana.
87. Aprender a hacer Pole Dance.
88. Tener un encuentro lésbico.
89. Asistir a un intercambio de parejas.
90. Tener mi propia empresa.
91. Decirle a mi jefe todo lo que pienso.
92. Aprender a bailar flamenco y claqué.
93. Viajar al espacio.
94. Romper un iphone contra el suelo adrede.
95. Inventar algo.
96. Acostarme con Brad Pitt
97. Terminar de dar la torta de Orlando Bloom a Justin Bieber.
98. Tener una habitación de la casa solo de zapatos.
99. Hacer una lista de 99 cosas que tengo que hacer antes de morir.

 

¿Qué cosas tienes pendientes por hacer antes de morir? ¿Coincides con alguna de las mías?

Foto | Fotolia.com

Sexo en compañía: Gatillazo y eyaculación precoz

Foto de www.elconfidencial.com

Foto de www.elconfidencial.com

Claro, por que en esta vida no todo puede ser perfecto y, el sexo, a veces, pues tampoco lo es. Normalmente borro de mi mente cualquier mala experiencia, procuro no volver a acordarme de ella. Si algo no me ha gustado, ¿para qué voy a perder el tiempo en pensar en ello?

Alguna vez me ha pasado, el estar con mis amigas y encontrarme con uno de esos amantes que mi mente borró inmediatamente después de acabar la jugada y del cuál, curiosamente, su número se borró por arte de magia de la agenda del móvil.

Pues bien, se acercó a saludarme con una gran sonrisa. La misma con la que consiguió engañarme y ofrecerme uno de los peores polvos de mi vida. “Perdona, ¿nos conocemos?” Fue lo único que le dije. El pobre se dio media vuelta y no volvió a acercarse.

Gatillazo: Fracaso del hombre en la realización del coito

Una noche, una discoteca, una botella de vino subiéndose rápidamente a la cabeza y, de repente, ÉL. El chico más guapo de la sala que te mira. Tú sonríes, él se acerca. Te invita a una copa y tras las presentaciones estás que no aguantas más.

Al final, acabáis en el baño. No estáis solos, con vosotros… ¡Gatillazo! Vale, no pasa nada. Nos damos los números y quedamos otro día. Llega ese día y todo sale fatal. El muchacho tiene un problema y no quiere reconocerlo. Lo típico, nunca le ha pasado.

Y ahí es cuando yo me enfado y dejo de intentarlo. Conmigo te ha pasado dos veces chato. Así que ya mismo recoges y te largas.

Eyaculación Precoz

Resulta que conoces a un tipo super interesante en una reunión y comenzáis a hablar. Acabáis desayunando juntos y, como no hay mucho tiempo, quedáis en llamaros. El tío guapísimo, vestido de Armani y con esas canas que tanto le ponen a una…

Al final te llama y te pregunta que si te apetece cenar con él. Tú, que no has parado de dar vueltas por la casa y que tienes el corazón a mil por hora, no te haces de rogar. Te cita en su casa, es un fantástico cocinero. Tu ya lo tienes claro: sexo seguro.

Y todo transcurre con normalidad: una cena estupenda, un vino riquísimo… Hasta que llegamos al postre. Resulta que no tarda ni dos minutos en correrse. Y tú pensando: Joder, ha tenido toda la tarde para tocarse

Empezáis de nuevo, esta vez son cinco minutos… Aquí hay algo que no va bien y, en vistas de que el tema no tiene pinta de mejorar, miras la hora. Vaya, se te ha hecho tarde, mañana tienes una reunión a primera hora y tienes que irte.

Tú teléfono se quedó sin cobertura en el mismo momento que saliste de esa casa…

Sexo sin compromiso

Foto de /www.lunanuevameyer.com

Foto de /www.lunanuevameyer.com

Es lógico. Mi madre, que es un poco más moderna, a veces también se asusta cuando hablo abiertamente con ella sobre sexo. Son mujeres de otra época.

Doy gracias por vivir este momento, por no haber crecido en la época de mujeres reprimidas -que en pleno siglo XXI todavía queda alguna…- y hombres machistas a tutiplén. Doy gracias por poder hablar sin tapujos de lo que me gusta y a expresar mis opiniones libremente.

Revolución sexual

El problema es, que no solo mi abuela y mi madre se llevan las manos a la cabeza cuando la gente expresa sus opiniones y cuentan sus experiencias sexuales sin vergüenzas, si no que todavía queda mucha gente que se escandaliza cuando es una mujer la que habla abiertamente del tema.

Hay muchas personas que se crean conceptos de mi algo equivocados. No señores no, no soy una ninfómana ni nada por el estilo. Me encanta el sexo, por supuesto. Pero no estoy enferma ni lo necesito a todas horas. Tampoco soy una cabra loca que solo piensa con la vagina.

Pero tampoco soy de aquellas que se conforman con cualquier cosa. A mí me gusta disfrutar y si mi chico no lo consigue, o ponemos cartas en el asunto, o lo siento cariño pero ya no podemos seguir juntos. No solo de pan vive el hombre.

Desde hace unos años, los jóvenes inician sus relaciones sexuales a una edad más temprana. ¿Esto es bueno o es malo? Para mí, que se inicien más temprano a los placeres naturales de la vida, no me parece mal, pero que también se informen primero. La información y el saber nunca están de más.

Vivimos una época de revolución, aunque esta ya comenzó a mediados del siglo pasado, considero que está en pleno auge. Por mi parte…

¡Qué viva la revolución sexual! ¡Qué vivan los anticonceptivos! ¡Qué viva el placer vaginal!

Sexo libre

Ya no es necesario tener pareja para poder tener una vida sexual plena. Por la parte que me toca… ¡menos mal! Aparte de la cantidad de artilugios que existen, los “follamigos” son unos protagonistas importantes en mi vida.

Ya no está tan mal visto que una mujer pueda tener sexo con alguien que no sea su pareja. Aunque todavía los vecinos siguen poniendo mala cara cuando subes a casa cada día gente diferente…

Pero lo mejor de todo es poder disfrutar del sexo sin compromisos. Sin compromiso a que si no te gusta tengas que repetir o sin compromiso a tener que quedarte a dormir con alguien con el que sólo te apetecía echar un polvo.

Disfruten queridos, el sexo es maravilloso…

¡Muérete de gusto!

Foto de absex.lamula.pe

Foto de absex.lamula.pe

Lo bueno de estas reuniones es que puedes adquirir un artilugio sólo para ti, o bien para tu pareja o para compartir. Incluso descubrir nuevas cosas.

Una de las razones por las que más se desgasta una pareja es por la rutina. Pues que esta no sea por el sexo: abre la mente y prueba un poco de todo. Seguro que os va a encantar.

Cosmética Sexual

Un poco de todo: geles estimulantes, lubricantes de todo tipo, aceites de masaje, comestibles…

Te propongo preparar un baño de sales y espuma con la bañera rodeada de velas. Una botella de champán o vino para ir tomando durante el baño y algunas fresas para ir abriendo boca. Enjabonaros, frotaros y acariciaros. Al terminar el baño, continuar con un masaje relajante con aceites afrodisíacos o de sabores. También puedes utilizar polvos o body paint de sabores. La mejor manera de acabar: ¡cómetelo todo!

Introduce en tus juegos lubricantes -si es que después de todo esto los necesitas- o estimulantes. Existen estimulantes para conseguir orgasmos muchos más intensos tanto para hombres como para mujeres. Mejor probarlo a la vez…

Aunque si tus parejas es de aquellas que por mucho que quieran no pueden alargarlo, para él, en vez de un estimulante, un retardante. Recomiendo retardantes en spray a los estranguladores de pene.

Para seguir disfrutando

Y cuando termines de echar el polvo de tu vida, ¡no te pares! Continua con el juego, explora, toca, acaricia, masajea…

Es hora de coger tus cacharritos y ponerlos en marcha. Vibradores, masajeadores, masturbadores… todo es válido. El juego puede ser extremadamente placentero y seguro que desemboca en otro super coito brutal.

Para todas a las que no hayais ido todavía a una de estas reuniones Tupper Sex, os animo a que vayais. Eso sí, con la cartera llena porque seguro que algo cae. Una noche de pasión y sexo, sexo y más sexo, es el mejor tratamiento relajante y de belleza que existe.

Y para los que aún os quedéis con ganas de más: introduce en la vagina de tu chica un huevo vibrador y quédate con el mando a distancia que lo activa. Salir a cenar fuera y jugar en un espacio público. Seguro que acabáis montando una escena a lo Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally”.

¡Yo también quiero lo mismo que está tomando ella!

Cómo los “Amores de verano” se convirtieron en “Calentones de verano”

Making Of- Cómo los "Amores de verano" se convirtieron en "Calentones de verano"

Tengo 28 años y digo, pensándolo lo justo y necesario, debiéndome a una radiografía perfecta y automática desde mis sentimientos más superficiales a los más profundos y de mi ya larga, pero no suficiente- soy exigente-, experiencia y a un análisis del grado de calentón sexual que estoy completa y absolutamente deseando acostarme con él para no volver a verle nunca más– ¡menos mal!.

Este calentón es muy de verano- fuera símiles meteorológicos. La estación más calurosa nos presenta los mejores ingredientes para que ello suceda: menos ropa, cuerpos preparados durante todo el año para ser mostrados ahora, gente relajada y con ganas…, exotismo y, sobre todo, el tiempo justo para que los encuentros aquí-te-pillo-aquí-te-mato se den cita. Enjoy summer-time!

El precedente: los grandes amores de verano

No sé vosotras, pero las historias más intensas siempre me ocurrían en verano. Los primeros amores, las primeras decepciones… Todo ello siempre estaba acompañado del punto melodrámatico que le daba la cuenta atrás y el carpe diem. Cualquiera podía ser un Romeo y Julieta de pacotilla en vacaciones, cuando se sabía que la separación era inminente y se podía idealizar al objeto de deseo hasta proporciones astronómicas.

Los amores de verano eran una lobotomía consentida y en pareja. Mientras los dos se crean el cuento y sean felices, ¿quiénes somos los demás para abrirles los ojos? El problema comenzaba cuando uno de los dos hacía creer el cuento al otro, sabiendo que pronto desaparecería tras una cortina de humo, sin teléfono, sin perfil en una red social. El engaño perfecto.

Calentones de verano inevitables

Sentir estos engaños en propia piel y verlo nítidamente en los lagrimones de tus amigas hace replantearte el concepto de los amores veraniegos. Son como las meigas, haberlos haylos… ¡pero a ver quién los encuentra!

Por ello es mejor no complicarse la vida, saber que el mar está lleno de tiburones y que lo importante no es hacerse la víctima, sino saber aprovechar las circunstancias para disfrutar.

Ya no está de moda jurar amor eterno al primer chulo de playa que se nos acerque marcando bíceps. Eso dejémoslo para los culebrones de tarde o las novelas empalagosas.

Rebecca recomienda: no usar protector solar ni gafas de sol para evitar calentones veraniegos. ¡Vive el momento!

Reportaje sexual: el exotismo oculto de los chicos de pueblo

Making Of - Reportaje sexual: el exotismo oculto de los chicos de pueblo

Esto conlleva otro tipo de análisis: la comparación entre las vacaciones actuales y las pasadas. Ya no en conceptos de “Mis mejores vacaciones”, sino “Diferencias socioculturales de hombres en diferentes lugares de vacaciones”. Y de aquí, amigas mías, se puede sacar mucha miga…

Chulos de playa, urban boys, montañeros fornidos… Posiblemente todas recordéis algún prototipo así en vuestras vacaciones pasadas, pero lo que yo más recuerdo son los hombres de pueblo. No os asustéis, las más urbanitas, que un chico sea de pueblo no significa que sea paleto, por lo menos no la mayoría, y sobre todo en estos tiempos. Al contrario, son más espabilados de lo que parecen. Ahí reside su encanto.

Viaje a los orígenes sexuales

Ni que decir tiene que mi primer contacto con el mundo masculino tuvo de escenario un pueblo, el mismo al que mis padres me arrastraban religiosamente cada vacaciones.

Y no es porque en Madrid no hubiera chicos suficientes en los que poner los ojos… No. Simplemente ocurría que mientras yo jugaba a las Barbies con mis amigas de Madrid, mis amigas del pueblo habían pasado– casi por ensalmo- de jugar a los papás y las mamás a jugar a los novios. Un juego muy divertido cuyas reglas yo aún no comprendía.

Lo de los “novios”, claro, era una tapadera usada por los chicos. Mientras la chica más popular era la que pasaba de novio a novio sin quedar un instante sin perro faldero que babeara por ella, el chico más popular era el que conseguía liarse con más chicas o llegar hasta el fondo con ellas. Un mundo de perversiones se abría para mí.

Juegos folclóricos

Una vez entrado en el juego, era casi imposible salir. Después de muchas decepciones, desengaños y errores, aprendí a jugar yo también.

¿Cuál era mi desventaja? No podía pasar desapercibida. Y no estoy hablando de atractivo. No, no hay nada como introducir un elemento extraño en un hábitat conocido por todos. Un soplo de aire nuevo siempre viene bien, con la principal ventaja de dejar sentimientos aparte: la chica de ciudad no se quedará el tiempo suficiente para involucrar sentimientos.

I love village-boys… and cities

Sin embargo, merecía la pena. Los chicos de pueblo me aportaban, una vez al año, una dosis de exotismo singular, de aventuras a escondidas- en un pueblo todo se sabe- y de desparpajo folclórico– no mencionaré los piropos y frases que he tenido que escuchar, sin una pizca de vergüenza.
Me quedo con el mensaje que me envió un día mi vecino de enfrente, del que siempre pensaba que no había roto ni un plato: “Cada vez que te veo hacer la cama, me dan ganas de deshacerla contigo”.

Es la maldición del curioseo y marujeo pueblerino, que salpica a todas las generaciones. Sin embargo, ningún año me puedo quedar sin mi ración de pueblo, y es que no hay nada como huir del mundanal ruido para sumergirse en un lugar donde cada individuo se conoce y es especial por sí mismo.

Aunque, también es cierto, que muchas veces cuando vuelvo a Madrid respiro aliviada, sabiendo que puedo caminar anónimamente por las calles y desnudarme en mi habitación con las cortinas descorridas– nadie conoce al vecino de enfrente. God Bless Cities