Making Of - Reportaje sexual: el exotismo oculto de los chicos de pueblo

Esto conlleva otro tipo de análisis: la comparación entre las vacaciones actuales y las pasadas. Ya no en conceptos de “Mis mejores vacaciones”, sino “Diferencias socioculturales de hombres en diferentes lugares de vacaciones”. Y de aquí, amigas mías, se puede sacar mucha miga…

Chulos de playa, urban boys, montañeros fornidos… Posiblemente todas recordéis algún prototipo así en vuestras vacaciones pasadas, pero lo que yo más recuerdo son los hombres de pueblo. No os asustéis, las más urbanitas, que un chico sea de pueblo no significa que sea paleto, por lo menos no la mayoría, y sobre todo en estos tiempos. Al contrario, son más espabilados de lo que parecen. Ahí reside su encanto.

Viaje a los orígenes sexuales

Ni que decir tiene que mi primer contacto con el mundo masculino tuvo de escenario un pueblo, el mismo al que mis padres me arrastraban religiosamente cada vacaciones.

Y no es porque en Madrid no hubiera chicos suficientes en los que poner los ojos… No. Simplemente ocurría que mientras yo jugaba a las Barbies con mis amigas de Madrid, mis amigas del pueblo habían pasado– casi por ensalmo- de jugar a los papás y las mamás a jugar a los novios. Un juego muy divertido cuyas reglas yo aún no comprendía.

Lo de los “novios”, claro, era una tapadera usada por los chicos. Mientras la chica más popular era la que pasaba de novio a novio sin quedar un instante sin perro faldero que babeara por ella, el chico más popular era el que conseguía liarse con más chicas o llegar hasta el fondo con ellas. Un mundo de perversiones se abría para mí.

Juegos folclóricos

Una vez entrado en el juego, era casi imposible salir. Después de muchas decepciones, desengaños y errores, aprendí a jugar yo también.

¿Cuál era mi desventaja? No podía pasar desapercibida. Y no estoy hablando de atractivo. No, no hay nada como introducir un elemento extraño en un hábitat conocido por todos. Un soplo de aire nuevo siempre viene bien, con la principal ventaja de dejar sentimientos aparte: la chica de ciudad no se quedará el tiempo suficiente para involucrar sentimientos.

I love village-boys… and cities

Sin embargo, merecía la pena. Los chicos de pueblo me aportaban, una vez al año, una dosis de exotismo singular, de aventuras a escondidas- en un pueblo todo se sabe- y de desparpajo folclórico– no mencionaré los piropos y frases que he tenido que escuchar, sin una pizca de vergüenza.
Me quedo con el mensaje que me envió un día mi vecino de enfrente, del que siempre pensaba que no había roto ni un plato: “Cada vez que te veo hacer la cama, me dan ganas de deshacerla contigo”.

Es la maldición del curioseo y marujeo pueblerino, que salpica a todas las generaciones. Sin embargo, ningún año me puedo quedar sin mi ración de pueblo, y es que no hay nada como huir del mundanal ruido para sumergirse en un lugar donde cada individuo se conoce y es especial por sí mismo.

Aunque, también es cierto, que muchas veces cuando vuelvo a Madrid respiro aliviada, sabiendo que puedo caminar anónimamente por las calles y desnudarme en mi habitación con las cortinas descorridas– nadie conoce al vecino de enfrente. God Bless Cities

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