Hoy me he despertado un tanto filosófica a caballo entre el bufonismo de Nietszche y la religión Platónica. Traspuesta después de una noche movidita como la de San Juan, la resaca sigue siendo la mejor institutriz.
Una especie de señora Rotermeiller que nos hace jurar que no volveremos a beber nunca más, que nunca más despertaremos con la cabeza metida en el vater entonando el mea culpa. Eso sí, sin perder un ápice de glamour, porque una tiene clase hasta con el pelo alborotado y las pantuflas de color rosa.
Siento decepcionar al personal pero ya no voy a volver a hablar de Don Impresentable, más que nada por una cuestión de ahorro de masa cerebral por aquello de la pedicura/manicura que tanto da. El otro día viendo 21 gramos de Iñarritu (película más que recomendable) me dejó pensativa hasta bien entrada la madrugada. Pienso en la casualidad, en la cantidad de causalidades que llevan a dos individuos procedentes de mundos antagónicos a conocerse.
Mi vida -como la de todos ustedes- está repleta de circunstancias bizarras que me han acarreado todo tipo de consecuencias imprevisibles. Me gusta levantarme cada día sabiendo que mi vida es como un libro en blanco aún por escribir. Algo así como el quién sabe dónde de Lobatón.
No me negarán que no es emocionante eso de cruzarse con millones de fulanos y fulanas por el mundo sabiendo que cualquiera podría ser él/ella. No necesito a un hombre para ser feliz, no soy ese prototipo de mujer que no sabe estar sola, pero eso no significa que no sienta una tremenda orfandad. El amor es patrimonio público y sino que se lo digan a A3 que durante años salpicó el late night de los domingos con lo que necesitas es amor.
Mi problema radica en la concepción tan romántica e imperdonablemente empalagosa que tengo de mi existencia. Ya que, además de la Mulán occidental también llevo una Bella Durmiente en mi interior. Gracias a Dios, y digo bien porque sino Angelina Jolie nunca hubiese interpretado a Lara Croft.
Qué leches, hablando mal y pronto, ¿qué culpa tengo yo de ser una mujer tan completa en un mundo dominado por la falocracia? Definitivamente voy a pedir uno por Reyes, un falo digo, a ver si hay suerte y me hago hermafrodita (como los peces de los ríos estadounidenses que debido a los vertidos ilegales están en pleno proceso de mutación).
Por el momento, me conformo con que gane la roja.



Por Dios, ya te daba por perdida y…¡has utilizado esa analogía con 21 gramos! Estoy de un emocionado que no quepo en mí, se me saltan las lágrimas. ¿te gusta 21 gramos? Sí, sí, síiiiii. Olvida ese Praefectus Evocati y cásate conmigo (tengo una rodilla en tierra, no te vayas a creer).
Muy interesante