Making Of

Promesas de fin de año

Escrito por Rebecca / 28 de diciembre de 2010

Siempre se dice que de la teoría a la práctica hay un trecho y no hay mejor ejemplo que las promesas que hace todo ser humano para el año nuevo.

El 2010 está en sus últimos días y el 31 de diciembre con las campanadas daremos la bienvenida al 2011. Echa cuentas: ¡sólo faltan 3 días!

El caso es que por estas fechas empezamos a hacer balance de los pros y contras del año y cómo podríamos mejorar el que viene. Y sino, ¿quién no ha prometido que el próximo año dejaría de fumar y nunca lo ha hecho? Ahí está el quid de la cuestión.

Todos los años nos hacemos promesas que nunca acabamos por cumplir -menos mal que no es una promesa de vida o muerte-, pero, como hombre que tropieza dos veces con la misma piedra, nos las volvemos a hacer. ¡Si es que no escarmentamos! Sí, sí, reíros, pero es cierto.

Junto con la del tabaco está otra de las más viejas: la de la dieta. “Este año prometo ponerme a dieta”, “este año adelgazo”, “este año me apunto al gimnasio”, “este año…“. Pero no tenemos en cuenta a los enemigos anuales como la Navidad. ¡Venga hombre! ¡Si nos ponemos las botas! Por mucho que la hayamos cumplido durante el año -que mira que me extraña- nos ponemos en modo Bob Esponja y absorbemos en apenas dos semanas lo que no absorbe la bayeta Vileda.

¿Ahorrador o no ahorrador? Como si fuera tan fácil. El dinero también es motivo de compromiso: “este año prometo ahorrar más” o “este año prometo gastar menos”; el vaso medio vacío o medio lleno, da igual. El caso es que desaparece de la cartera todos los años por igual -céntimo arriba, céntimo abajo-. Viajes, compras, regalos, cenas, que si un detalle por aquí, que si una cervecita por allá… Y aún te extraña que sea tan complicado ahorrar.

¡Por cierto! La promesa de “intentaré viajar más” y ahorrar entran en conflicto directo así que no lo intentéis.

Son algunas de las más significativas pero hay infinitas de ellas y para todas las edades: estudiar más idiomas, hacer otra carrera, portarte mejor con la familia, mantener más el contacto, buscar un trabajo mejor, decir menos tacos… ¡Madre mía! ¡Estoy teniendo un dejà vu! Qué tiempos aquellos…

No obstante, creo que el problema radica en que son promesas aburridas así que os voy a proponer algunas más interesantes: estudia las técnicas de la lengua, aprende la asignatura del placer, practica más el sexo y, por supuesto CARPE DIEM.

PD. La promesa del tabaco sí la he cumplido :-D

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