Mes dames et monsieurs, he aqui la última entrega de esta trilogía rudimentaria sólo apta para psicóticos emocionales (que buena por cierto, Psicosis de mi querido Alfred) adictos al género melodrama y victimas de la asociación del corazón. Como dirían los franceses, j´ai mal au coeur.
No es mi intención provocar una avalancha de gatillazos, un alud de sospechosos dolores de cabeza, porque hoy, hablamos de sexo, de pericia sexual. ¿Quién no ha hecho el amor haciendo el pino eh? ¿Jugando al twister mientras el Don Juan recita a Baudelaire penetrandote descaradamente? ¿Imitando las poses de 120 días de Sodoma y Gomorra del Marqués de Sade? La dependiente hace/sabe eso y mucho más.
Fuera ironías y sarcasmos del lenguaje, el sexo no se dice, se hace. Asi que si alguno de ustedes disfruta de la compañia de un hombre o mujer que afirme realizar cualquiera de las prácticas citadas, ponganlo a prueba y en caso satisfactorio faciliten mi número de teléfono.
Pero a lo que ibamos, morbos@s lectores entre los que cuáles me incluyo, ¿quieren saber como se lo monta la dependiente en la cama? ¿Si ruge, ladra, muerde o gime? Adelante, pasen y vean.
La dependencia emocional
La dependiente y el sexo
Sexualmente le atraen las relaciones difíciles y que ofrezcan un desafío.
Se siente atraída por el estereotipo social de canalla.
Confunde el miedo y la atracción sexual.
Utiliza la sexualidad para no ser abandonada.
Confunde sexo con sumisión.
Para ella, la buena sexualidad es gratificar al otro más que a sí misma.
Encuentra atractivas las prácticas sadomasoquistas más o menos light.
Asocia sexo a tensión.
Le pone lo difícil.
Confunde sexo y amor.
A través del sexo busca un vínculo estable.
Invierte mucha energía en el sexo.
Define sus relaciones sexuales por la violencia y el control.
Siente atracción por profesiones que socialmente se consideran de comportamiento promiscuo (camareros, actores, cantantes de rock, porteros de discoteca..)
Se reafirma sexualmente porque siente que el nunca la dejará por otra.
Y yo me pregunto, en pleno refriego veraniego, sofocada de tanta imaginación carente de 3D ¿Y qué más da? El caso es practicar. El sexo es vida.
(fuente Ya no sufro por amor, Lucía Etxebarria)
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