Torre del Oro

Ayer hice la ruta típica que toda persona debería hacer por Sevilla. ¡Y me ha encantado! He de decir que todo se ve mejor con un guía, sobre todo cuando la guía es una amiga tuya. Pero si no tenéis esa suerte, yo seré la vuestra, virtualmente, claro.

He aquí mi precioso paseo por Sevilla:

Ruta por la Sevilla más emblemática: Torre del Oro, Catedral de Sevilla y Giralda

Nuestro objetivo era visitar lo más representativo de Sevilla en un día, pero además irnos de compras y salir por la noche. ¿Imposible? No lo es, si sabes cómo organizarte.

La ruta comenzó muy temprano por el Parque de María Luisa. El mandamiento número 1 del buen turista es madrugar para visitar los sitios, y os puedo asegurar que después de la noche anterior en la Feria de Abril, no fue nada fácil, pero la perspectiva de descubrir Sevilla nos animó.

La propuesta era desayunar en el parque para no perder tiempo. El Parque de María Luisa conserva una mezcla de diseño europeo e islámico. En su interior hay gran variedad de plantas, como acacias, olmos, adelfas, laureles, rosales… Os podéis imaginar el aroma que flotaba en el aire. El parque también está compuesto por lagos, fuentes y glorietas, decoradas con los típicos azulejos sevillanos.

De un extremo del parque nace la Plaza de España, una plaza impresionante que mezcla los estilos mudéjar, gótico y renacentista. En sus paredes, ornamentadas con bancos y azulejos, se hace homenaje a las 48 provincias españolas, con mapas y escudos de ellas. Sencillamente, preciosa.

Desde la plaza, decidimos cruzar el río Guadalquivir por uno de sus puentes, ya que, según me indicó mi amiga, era la mejor forma de tener las mejores vistas de la Torre del Oro. Y tenía razón. También me explicó que su nombre venía por su reflejo dorado en el río.

Después nos acercamos al Archivo de Indias. No entramos porque no disponíamos de mucho tiempo, pero por fuera también es digno de ver. Por lo menos, nuestra amiga nos contó un poco de historia del edificio. El edificio data de 1785, cuando fue creado con el propósito de centralizar todos los documentos sobre las colonias españolas.

Tras ese breve paseo, nos dirigimos a los Reales Alcázares. Como protestamos por no haber entrado en el Archivo de Indias por falta de tiempo, nuestra amiga nos concedió el permiso para esta vez sí entrar a un monumento. Los Reales Alcázares verdaderamente merecen la pena. Se trata del palacio real más antiguo de Europa. Las estancias que más me gustaron fueron el Patio de las Doncellas, el Salón de Embajadores y los Jardines del Alcázar.

Aunque a esas alturas ya nos moríamos de hambre, mi amiga nos arrastró a ver la Catedral de Sevilla y la Giralda. Sin duda, lo mejor de Sevilla. La Catedral de Sevilla es la catedral gótica más extensa del mundo. En su interior, además, se encuentran los restos de Colón. Aunque ha habido polémica sobre ese asunto.

La Giralda es el campanario de la Catedral de Sevilla. Merece mención aparte por su belleza y porque pertenecía a una mezquita del siglo XII. Su nombre viene por la veleta que tiene en la cúspide, ya que gira con el viento.

Tarde en Sevilla: tapas, compras y ¡fiesta!

Tras todas esas visitas estábamos exhaustas y famélicas, así que decidimos ir a comer de tapeo. La mejor calle para hacerlo es la calle Mateos Gago, en el barrio de Santa Cruz. Y el sitio que más me gustó fue el Álvaro Perejil.

Después de comer era peligroso salir a la calle por el calor, pero no quisimos resistirnos a seguir conociendo la ciudad. Aunque en realidad había un significado oculto: nuestra amiga nos había prometido que por la tarde nos llevaría de compras por las calles más comerciales de la ciudad.

Pero primero visitamos la Plaza Nueva- una plaza preciosa-, para ver el edificio del Ayuntamiento- una construcción plateresca y neoclásica.

Y.. ¡promesa cumplida! Recorrimos la calle Tetuán y la calle Sierpes, repletas de tiendas. Y por supuesto que acabamos con los brazos llenos de bolsas. Y es que esa noche íbamos a ir a la calle Betis a un local llamado “Lo Nuestro”, con la promesa de disfrutar de música flamenca. La noche de ayer fue genial e irrepetible. ¡Y aún me quedan más por disfrutar!

Por cierto, que si no tenéis la suerte de tener una amiga que os deje quedaros en su casa, no os preocupéis, ya que hay hoteles en Sevilla a muy buen precio.

Por ello, Rebecca recomienda aprovechar la Feria de Abril para conocer Sevilla– sus monumentos, sus tiendas y su fiesta-. ¡No os arrepentiréis!