captura que-leer.com

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No obstante, las nubes dejaron cierto margen pues no se puso a llover hasta última hora, así que me dio tiempo a renovar mi biblioteca y adquirir las últimas novedades. No sé si por el tiempo, la climatología que ya se sabe que tiene una fuerte incidencia sobre el estado de ánimo. Pero había discutido con mi “bombonsito primaveral”, ¡sí, el chico del que os hablé! Pues hemos tenido nuestro primer encontronazo, y es que ayer hubo tormenta, ¡pero no sólo en el cielo!

Así que más reivindicativa que nunca, y defensora a ultranza de mi postura, me acerqué hasta la Feria del Libro que aún no había ido este año. Y así descubrí mi rincón la Librería de la Mujer, en el puesto 136, seguro que muchas la conocéis está en la calle San Cristobal, entre la Plaza Mayor y la Puerta del Sol. Allí encontré un poco de desasosiego y reafirmación, al sentir que no estaba loca, que mis necesidades no eran exacerbadas y mi enfado era lógico y compartido por muchas féminas a lo largo de la historia. Necesidades afectivas y egoísmos fálicos aparte, intentaré haceros un recorrido por lo libros que me llamaron más la atención, que para una noche de lluvia o un día gris como hoy vienen bien para evitar el hastío primaveral.

El país de las mujeres

Aunque aún no me ha dado tiempo a leerlo entero, “El país de las mujeres” de la nicaragüense Gioconda Belli nos hace soñar con un mundo dirigido por mujeres. ¿Nunca lo habéis imaginado? La novela parte de la victoria política de un partido formado exclusivamente por mujeres, el PIE, el Partido de la Izquierda Erótica, formado por mujeres feministas que creen en un mundo mejor, más justo donde hombres y mujeres puedan desarrollar su pleno potencial en libertad. La presidenta electa resulta ser Viviana Sansón, el retrato de una mujer de la que todas llevamos algo dentro, que sufre un intento de asesinato. La trama transcurre en un país imaginario ambientado en América Latina, con claros guiños a las figuras históricas del continente. Todo en un tono humorístico que facilita la lectura y engancha.

¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?

También llamó mi atención un cuento que bien podría ser para adultos, que reflexiona sobre el encorsetado papel de la mujer desde un prisma tradicionalmente machista. Porque ya nos hemos cansado de ser princesas de cuento que se desmoronan con un soplo de aire, y es que ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? Esta pregunta nos la plantea Raquel Díaz Reguera, que ve una heroína en cada una de nosotras, no somos mujercitas indefensas, también podemos cazar nosotras mismas al dragón y defendernos del lobo feroz. Así nos invita a seguir besando sapos, vestir de naranja, violeta o amarillo chillón, que la vida no tiene por qué ser rosa y el príncipe no siempre es azul.

Escuela de sueños

Pero si queremos una lectura más complejo y madura, “Escuela de sueños” se presenta como un tormentoso laberinto entre la exclusión y la soledad de Valerie Solanas, la mujer que saltó a la opinión pública por el intento de asesinato hacia Andy Warhol y la publicación del manifiesto SCUM que preconizaba el necesario exterminio de los hombres. Resulta todo un reto narrativo para Sara Stridsberg recrear la vida de un personaje tan antipático para la opinión pública sin reducirlo a la mitomanía o al envilecimiento, muy recomendable para los alérgicos al pensamiento único.

La acabadora

La acabadora” de Michela Murgia pone el punto final a esta reseña, con un relato ambientado en el rígido costumbrismo italiano de los años cincuenta en la isla de Cerdeña. Sin demasiados miramientos las familias más humildes entregan a sus hijos a familias adineradas para asegurarse una vejez digna. Así la modista Bonaria Urrai adopta a María, dando un giro de 360º al destino de la niña y llenando de incógnitas su vida con sus misteriosas actividades con los moribundos del lugar.

Si queréis pasaros por la feria, creo que hasta el 12 de junio seguirá abierta. Y aquí acaba mi oda a la letra “a”, a la pequeña variación gramatical que designa el género y que nos define como “lectorAs”, pero sobre todo “soñadorAs”.