Making Of - Fantasías, fetiches y demás perversiones sexuales

Sin embargo, esa frase que parece tan naïve no lo es en absoluto. Que el sexo esté presente en la naturaleza humana, es vox populi, pero parece difícil incluir el tema en una conversación casual sin que alguien se sonroje, esconda la mirada, carraspee, cambie de tema sin venir a cuento o sea incapaz de terminar una frase descriptiva de forma concreta o evitando puntos suspensivos.

Más de una vez me han querido obligar a morderme la lengua a través de miradas de censura. Mis amigos dicen que me he granjeado el mote de Lolita. Yo sólo respondo que el hábito no hace al monje, y que las palabras no demuestran nada. Ya sabéis, quien calla, otorga, y sin más refranes os digo que os fiéis menos de quien tiene cara de no haber roto un plano. Lolita es la que calla y sonríe para sí.

Libera tu mente de prejuicios sexuales

No me refiero a quien calla porque desea guardar su intimidad, sino callarse por vergüenza, por estar condicionado por los tabús o por miedo a que los presentes se escandalicen al soltar una bomba de relojería.

Y esto nos lleva a la raíz del problema. Ya no es sólo que atemorice hablar de un tema íntimo en público, es el temor de ser raro, de estar enferma, de que tu mente desee cosas que es mejor encerrar y tirar la llave al mar.

Fetichismos, imaginación y perversidad

En cuanto a sexo, no debería estar todo escrito. Una cosa es lo que tenemos todos en común condicionados por nuestro cuerpo y otra muy distinta, nuestra psicología. Podemos coincidir con otros en nuestros deseos más íntimos, pero no tiene por qué ser así.

Existen todo tipo de fetichismos, toda clase de perversidades sexuales que nos excitan si pensamos en ellas… Nuestro cuerpo nos puede limitar a ciertos hábitos; nuestra mente no entiende de eso.

En una noche puedo estar con diez hombres distintos, en diferentes épocas, en diferentes circunstancias, sin salir de mi habitación. Y es sobre todo eso, las circunstancias, las que cambian todo y lo hacen excitante. Circunstancias que nos excitan irremediablemente si fantaseamos con ellas, pero que llevadas a la realidad serían irrealizables. No ya porque sean imposibles, sino porque fuera de nuestra mente, no nos excitan.

¿Significa eso que estoy enferma? ¿Soy una pervertida por soñar con situaciones violentas que en la realidad no soportaría? Por supuesto que no- por lo menos no en un sentido negativo. Y vosotras tampoco.

Estoy esperando el día en que pueda hablar de todo esto en voz alta sin silencios incómodos ni miradas huidizas. Mientras tanto, seguiré en mi habitación disfrutando sin cargos de conciencia. ¿Alguien más se atreve?

Así empezó todo: Making of