¡Hola amigas! ¿Qué tal estáis? Yo, de vuelta. Aunque me hayáis visto activa en mis redes sociales, hace mucho que no me pasaba por aquí.

Y es que chicas, ¡he estado de viaje espiritual! Como ya os conté, me aficioné hace un tiempo a viajar en solitario, y este fue uno de esos viajes súper emocionantes que hay que hacer sí o sí.

Decidí viajar a Japón para encontrar el mejor sushi que existiese, y me acabé encontrando a mí misma. No vengo a contaros mi viaje, sino a hablaros de mis creencias. Sé que es un tema algo polémico, pero ¿desde cuándo me importa a mi lo que piense la gente?

Llegué a Japón después de haber visto un documental de esos que nadie ve, un día que no podía dormir, y creedme que lo había intentado todo. Tras buscar en mil páginas distintas, encontré Kumano Kodo, un sitio al que acuden mochileros de todo el mundo durante el año para adentrarse en esta preciosa cultura y visitar un templo de estos que están dibujados en las paredes de todos los restaurantes chinos. Pero eso ya os lo contaré otro día.

Quiero decir que, aunque fuese a un lugar budista, yo fui para desconectar, porque no soy ni budista, ni católica, ni romana ni apostólica. Aún estando bautizada y comulgada, rara vez me veréis en la iglesia.

Y es que, chicas, no me juzguéis, pero yo no tengo religión, yo creo en las personas y en la suerte. Es duro chicas pero, cuando dentro de muchos años muera, no habrá nada. ¿Y qué? No habrá nada, pero yo no me voy a enterar.

Si me muero, dejo de funcionar y punto. Es un punto de vista tan legítimo como otro cualquiera, y tiene las mismas posibilidades de acabar siendo verdad. Hay cosas que no me explico cómo, ¿de dónde sale el Big Bang?, pero no me preocupa su respuesta.

A lo que me refiero es que, de momento, lo único que sabemos es que tenemos una vida asegurada, y chicas, yo al menos la quiero aprovechar. Sabéis que a veces me revoluciono un poco en contra del mundo, pero este verano he aprendido a valorar un poco más cada cosa buena que me pasa. No me entendáis mal, que voy a seguir igual de reivindicativa que en otros posts.

Tenemos suerte de estar aquí, recordad que – aunque me cueste admitirlo- fuimos el espermatozoide más rápido. Hubo un montón de posibilidades y nos tocó a nosotras. Y no nos tenemos que preocupar de qué va a pasar después de nuestro paso por la vida.

Nacimos para ser felices, no perfectas, ni madres, ni amas de casa, ni sumisas ni muchísimo menos. Que si queremos serlo, pues adelante. Pero esto tiene que ser nuestra elección, no la de nadie.

Os dejo con uno de mis grupos favoritos, que hicieron hace unos años una oda a la vida que ya es conocida por todo el mundo, y seguro que ya conocéis. Se llama ‘Viva La Vida’, un lema que me viene al pelo en el post de hoy.

Sólo me queda deciros que aprovechéis el tiempo de la manera que más os guste, que a mí los 36 años que llevo aquí se me han hecho muy cortitos. Llevad la vida que os apetezca y haced de ella una obra de arte.

¿Y vosotras, chicas? ¿Qué opinión os merece la vida que lleváis? No hace falta que vayáis a Japón a meditarlo, podéis dejármelo por aquí abajo.