Making Of - Desenmascarando al Príncipe Azul

Las mejores películas siempre suelen dejarte una sensación de plenitud o la mente saturada de preguntas. Ayer tenía síndrome de abstinencia cinematográfica y me deleité con Belle de jour de Luis Buñuel, una película que me hizo reflexionar más de lo que creí en un principio.

Séverine es una mujer normal, atenta y dulce a los ojos de su marido, pero que lleva una doble vida completamente distinta: por las tardes trabaja- por pura diversión- en una casa de citas. Ni más ni menos. La vida cómoda que le ofrece estar casada con un médico parece no satisfacerla en absoluto, aunque lo disimula muy bien.

Aquí nos surgen las primeras reflexiones: ¿es la estabilidad una garantía de felicidad? ¿La ausencia de problemas es el verdadero problema? ¿Es imposible mantener la felicidad plena?

¿Se puede combinar la plenitud sexual con la sentimental?

Pero no sólo eso, centrándonos en su vida conyugal podemos descubrir el Mito del Píncipe Azul: ¿y si el marido perfecto no proporciona una vida perfecta? ¿Una vez salvada a la princesa, el Príncipe Azul no tiene más que ofrecerle salvo aburrimiento y rutina?

Toda esta realidad de la casa de citas se puede aplicar oníricamente a cualquier ama de casa. Pero también es compatible con la mujer independiente más moderna que exista, sin excluir a la región masculina. Todos sufrimos con esto.

Para Séverine no es sólo un problema de comunicación. Ama a su marido, pero un hombre tan bueno y honrado no se ajusta al perfil de hombre que ella necesita para que la domine sexualmente. ¿El suyo es un problema aislado? No. La culpa la tiene el querer razonar el sexo y separar la mente del cuerpo como si fueran agua y aceite.

Bye bye, Prince Charming

Y es que la culpa la tiene Disney. Debemos cambiar el chip de búsqueda incesante del Príncipe Azul– porque si se ha esforzado por ser azul, puede que se haya dejado la chispa por el camino- y buscar al Hombre Completo– debe existir- una mezcla entre sexo, sentimientos y amistad.

Por su lado, ellos tienen que dejar de pensar que su vida se reduce a dos épocas consecutivas: el libertinaje y la vida en pareja– donde no se puede disfrutar sexualmente como en la época anterior, por lo que hay que disfrutar de la primera como si no hubiera mañana.

Por supuesto, todas estas reflexiones no me han ayudado a alcanzar una conclusión clara. Sin embargo, creo que lo más importante se centra en abrir los ojos y encontrar a alguien mixto, con el que puedas explotar tus pasiones sexuales tan imaginativa y obscenamente como te apetezca y, a la vez, puedas llorar sobre su hombro llegado el momento.

Pero si ya es demasiado tarde para emprender de nuevo la búsqueda, la solución es la comunicación. Nunca es tarde para pedirle a tu pareja todo aquello que sientes que falta en tu vida sexual. Que no te dé vergüenza. Si se escandaliza es reprimido y remilgado; seguro que él también tiene deseos que no se atreve a confesar.

Que nadie te prive de tu felicidad y te conduzca a la rutina. Para todo lo demás: un vibrador y tu imaginación.

Así empezó todo: Making of

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