Hola Fulano,

Hace tiempo que quería escribirte esta carta pero nunca llegué hacerlo. Hoy me he decidido a hacerlo, no sé si es porque estoy ya de vuelta, porque me he hecho blogger. O bueno, quizá sea porque ya me importas un mojón. El caso es que te dedico con todo mi amor estas líneas para que entre ellas leas todo lo que aprendí entre tus brazos. No te vayas a asustar, no quiero ponerme melodramática.

Tampoco vayas a creer que te escribo esta carta para recriminarte algo, o bueno tal vez un poquito. La verdad es que a la única persona que recriminaría algo sería a mi misma por haberme enamorado de un energúmeno que no diferenciaba entre a ver y haber.

Aún así, hay cosas que jamás podré perdonarte. Por tu culpa estuve más de tres meses sin poder escuchar a Quique González. Te odio un poquito por ello. Perno no mucho porque odiando la ausencia se hace más fácil. Y a mi ya sabes que me gustan las cosas difíciles.

Recuerdo cuando nos conocimos. Me mirabas de una forma indescriptible. Esa mirada que solo sale cuando tienes delante a la persona que te gusta de verdad. Una mirada que terminé por odiar, porque no volví a encontrarla en tus ojos. Al principio me dio lástima, pero pasado todo este tiempo y viendo cómo has evolucionado en tus fotos de Facebook, la verdad que me he quitado un muerto de encima. Tampoco vamos a engañarnos a estas alturas de la partida, has envejecido francamente mal.

Pero para el recuerdo quedará todo ese tiempo que pasamos juntos. Todos esos buenos momentos. Se puede decir que estuve enamorada de ti. De todo tú. Lo sé, yo tampoco lo entiendo, más a sabiendas que tú tenías claro que no íbamos a llegar a comprometernos. Unos días no querías comprometerte con nadie, otros estabas preparado para comprometerte pero conmigo no. Fue muy duro, no voy a engañarte. Pero pasado todo este tiempo puedo gritar a los cuatro vientos que lo he superado y me siento orgullosa por ello. No solo por haberlo superado sino por haber detectado qué cosas tengo que cambiar de mi misma. No todo iba a ser culpa tuya, al fin y al cabo tampoco se te podía pedir demasiado.

Sin cariño y sin rencor, pero que te den muy fuerte por el órgano excretor.

BESIS.