Bienvenue a la première de Making Of

Bienvenue a la première de Making Of

No es que mis dotes artísticas sean precisamente las de una bailarina pero la fragilidad de Sally Boles es mi talón de Aquiles. Todas nos hemos enamorado de un capullo/malnacido,ese género masculino aún por definir (recomiendo el libro Mujer creciente,hombre menguante de Javier Urra) por el que todas hemos perdido la cabeza alguna vez.

Una al final del camino se pregunta siempre: ¿ha merecido la pena?. No es cuestión de hacer una lectura de género,de pregonar la doctrina feminista-ya tendremos tiempo-sino de hacer balance y ser justa con la historia femenina.

No se trata de hablar de Simone de Beauvoir-merece una columna aparte-sino de discutir acerca de uno de los pilares comunes a todas las mujeres de occidente que un día fuimos niñas:las películas de Walt Disney (véase la infancia robada)

Mi madre se empeñaba en comprarme toda la bibliografía de dibujos animados cuyas princesas hermosas, cuasiperfectas y con voluntad clara de sumisión al hombre,esperaban la llegada del príncipe encerradas en la torre,dormidas o retenidas por un padre poco comprensivo. Nosotras no hemos crecido con las espada del héroe-tampoco con el síndrome primate que acarrea-lo nuestro es la libido a tope frente un escaparate con un vestido blanco en portada. Y claro,así nos va.

¿Qué pasa si Yasmín se cansa de lavarle los calzoncillos a Aladdín?

¿Qué ocurre cuando el capitán John Smith se va a ver el partido de fútbol y deja a Pocahontas en casa poniendo la lavadora? Habría que plantearse seriamente denunciar a la factoría Disney por daños y perjuicios morales irreparables.

Y así,entre prejuicios y castillos papel ilusión construidos en suelo no urbanizable, nace Making of. Una voluntad de ser, una ventana hacia el mundo dónde expresar tanta frustración femenina que no es precisamente la envidia de pene de la que hablaba Sigmund Freud. Os emplazo queridas lectoras y lectores-alguno habrá-a la cita de los martes y viernes con el mundo de Rebecca,mi universo imperfecto.

Recordad que cómo decía Beauvoir en el segundo sexo “no se nace mujer, sino que se llega a serlo”

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